viernes, 8 de marzo de 2013

azul oscuro casi negro


Y un día cualquiera, haces balance. Y como siempre, te das cuenta de lo jodidas que están las cosas. Te das cuenta de que no das un paso sin retroceder tres. Te das cuenta de que no das la talla, de que nunca estás a la altura de las circunstancias. Sientes que no están orgullosos de ti. Te das cuenta de que quieras o no, estás sola en esto... y que cuanta más gente tienes a tu alrededor, más sola te sientes. Que te estás creando un caparazón que no va acorde con tu personalidad, que sonríes aunque estés llorando por dentro y eso te hace más vulnerable aún. Que por mucho que intentes que las cosas no te afecten, que la culpabilidad no esté ahí... tus esfuerzos no valen de nada, es más, parece que todo se duplica. Y que eso, al fin y al cabo, te está hundiendo poco a poco. Me gustaría retroceder. Me gustaría volver a empezar de cero, ponerme manguitos antes de tirarme a la piscina... o una bombona de oxígeno si hace falta. Me gustaría no fallar. No sentirme una mierda por los errores tan gigantes que cometo, y por no saber remediarlos yo sola. Que mi gente pueda hablar de mi y se le llene la boca, y no agache la cabeza y baje el tono de voz... No sé, sentirme orgullosa de mí misma, y hacer que quienes me importan puedan estarlo también. Supongo que estas edades se basan en errores, en caídas, obstáculos y piedras por el camino. Supongo que aprenderé, y que todo irá mejorando a medida que pasa el tiempo. Sólo espero poder, poder con todo lo que me echen y siempre con una sonrisa... pero no de las que esconden miles de lágrimas, sino de las que, realmente, merecen la pena.   

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