Durante los últimos ocho meses, despertarme ha sido
doloroso. La fría certeza de que aun estoy aquí me invade lentamente. Nunca fui
de los que saltan de la cama y reciben el día con una sonrisa. Solo los tontos podían escapar de la simple verdad de que
ahora no es solo ahora, es un frío recordatorio de que ha pasado un día desde
ayer, un año desde el año pasado, y de que tarde o temprano llegará.
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