lunes, 9 de julio de 2012
Lo curioso de algunos amores es que solo podrían haber sido posibles en el momento exacto en el que aparecieron. Seguramente ahora me parecerías un chulo patético, un cabrón sin escrúpulos. Pero lo que me gustaba de ti era que parecías estar tan solo en el mundo y tan jodido como yo. Cuando te perdí, creía que estaba perdiendo una parte de mí que ya nunca recuperaría. No recuerdo si lloré cuatrocientas o cuatro mil noches, solo recuerdo que sobreviví meses enteros en los que me costó encontrar una buena razón para levantarme por las mañanas. Con el tiempo entendí que la mejor parte de los recuerdos me la llevé yo, y que eso era lo único que podría agradecerte, aunque el tiempo haya multiplicado algo que quizá nunca fue, porque puede que nunca hayamos sido. Dentro de mí, solo quedó como residuo una falta de confianza a cualquiera que me mirase como hacías tú. Desde entonces escribí mucho más, porque las lágrimas nunca curaron tanto como las letras, creé capas y escudos y empecé un viaje sin rumbo... NADIE TENÍA TUS OJOS. Pero ya sabes lo que dicen del tiempo y el olvido. Y cuando creía que ya era incapaz de sentir nada llegaron las descargas, llegó él. Tocarle era como meter los dedos en el enchufe, o la radio en la bañera...Y lo sigue siendo. Solo quiero seguir electrocutándome...
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